| EL ESCAPARATE DE JUGUETE Audio Relato (podcast) |
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SEVELINDA PARADA, aquí estoy pero sentada , con esta frase se da inicio el programa La escuela de Doña Rita, programa de humor que sin falta escuchaba todas las mañanas la Abuelita, pues a su buen humor, sumaban las historias ocurrentes, noticias del día y críticas de todo género manejadas con el más fino humor, a los cuales no dejaba la Abuelita de hacer uno que otro apunte gracioso de su autoría, mientras escuchaba, raspaba las arepas a dúo con un periquito verde, mas bulloso que la misma raspa y que nunca he podido ubicar como llegó a ser parte integrante de la familia , compañero de dueto de la Abuelita en la melodía que interpretaban juntos cada mañana ella con su raspa sobre las arepas y el con sus chillidos acompasados, nos decían que no había manera de continuar durmiendo, era ya la hora del diario despertar, a cumplir con la rutina de ir a las escuela los niños y al trabajo los adultos, salíamos apresurados los unos y los otros, pues la cogida del bus al trabajo no era ningún chiste, y nosotros que estudiábamos a una cuadra del colegio, siempre saliamos cuando sonaba la campana.
La maestra Cecilia, es una coincidencia que esta maestra se llamara igual a la de mi kínder, decía, repitan conmigo, dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho dieciséis, a ver niños.
Estábamos en eso cuando suavemente llaman a la puerta, después de un breve diálogo de la señorita en la puerta con alguien que no se sabe quién es, me llaman.
Si señorita, ya voy, la tías Mary y Lucero serias en la puerta, me dicen, la Abuelita tiene que hablar muy seriamente contigo.
Estas palabras me preocuparon, pues no sabía que travesura mía podían haber descubierto de la cual yo ya ni me acordaba.
En presencia de la Abuelita me suelta lo siguiente, niño como tú sabes, cada mes hay que pagar las cuentas de servicios, la comida y otras cosas, por tal razón como también debes saber hay un dinero que asciende a la suma $$$, la cual debe ser pagada a las personas a quien se les debe, pues sucede que el tal dinero no aparece por ninguna parte y se está necesitando, pero a mí se me ocurrió, que debido a tus dotes de gran investigador y persona hábil en descubrir tesoros que podrías ayudarnos a encontrarlo.
¿podemos contar contigo en esta misión ?
Qué carajo, como me iba a negar a semejante aventura, yo el paladín de la justicia, deshacedor de entuertos como el Quijote de la Mancha y héroe de muchas batallas ganadas a fantasmas de sábanas y leones disfrazados de perro, y uno que otro tigre rondador de techos haciéndose pasar por gato.
Se inicia la búsqueda minuciosa por toda la casa, no queda un rincón, por oculto, ni tabla, ni piedra que no fuera oscultada cuidadosamente en busca del dinero perdido.
Si será que lo encuentra? decían atrás mío algunos incrédulos de mis habilidades detectivescas, y la Abuelita, Pues claro, den le tu tiempo que lo encuentra, lo encuentra, yo seguía con mis pesquisas, hasta que cansado me siento en el piso y reflexiono.
Esto de la búsqueda directa no está funcionando, si yo hubiera tomado ese dinero donde lo habría escondido, ¿donde , donde ? como iluminado por el espíritu santo llegó una voz fuerte y clara.
EN EL ESCAPARATE.
Claro, pero si soy tonto donde más podría uno guardar el dinero sino en el escaparate, como un rayo me enfile al escaparate de juguete de “La Mona” y que sorpresa me llevé, allí efectivamente en un bultico pequeño, en uno de los cajoncitos estaba el dinero esperando ser encontrado.
Que les dije que si había alguien capaz de encontrarlo era él, expreso el satisfecho el cliente de mis habilidades, fui devuelto a la escuela.
Un sentimiento raro circulaba en mí, no me sentía del todo satisfecho, en el aire había algo raro que no me acababa de convencer, no todos parecían convencidos de mi gran labor, a pesar del hallazgo, por más que lo pensé no lograba captarlo, abrían de pasar muchos años, antes de que “La Mona” en un rasgo de sinceridad mientras subíamos al morro donde actualmente suelo hacer ejercicio en una de sus venidas a el país, entre risas, me confesara.
A que no sabes quien puso el dinero en el escaparate de juguete, ¿te acuerdas?
Pues claro que me acuerdo.
Pues fui yo, Te echaron la culpa a ti, pero la Abuelita manejo eso con tacto e inteligencia que no tuve que pasar por la pena de confesar lo que hice , dejé entonces las cosas así.
Le pregunté por qué no lo dijiste en su momento. ¿Para qué? respondió, total ya habías encontrado el dinero y al final eso era lo que todos querían.
Mira, en este mundo quien es el culpable no es importante, lo importante es encontrar un culpable.
Seguimos caminando la dura cuesta del morro, yo me quede pensando ,dije para mi, he aquí una prueba de lo que en alguna ocasión en medio de una de sus típicas salidas la Abuelita definió como el mandamiento cero y rey de de nuestra cultura.
Después de que yo me muera aunque no vuelva a salir el sol y que más tarde en medio de un serio disgusto por algo que ella consideró una injusticia re definió de una manera brusca como , Después de que yo esté bien, los demás que se jodan.
Frase esta, sobre del comportamiento egoísta de muchos de nosotros y que vemos en el día a día, hasta en la hora de hacer una simple fila para entrar a cine, cuando algunas personas haciendo gala a plenitud de lo que la Abuelita sentenció, se pasan por encima de todos y rematan burlándose o insultando a los demás, terciando con la actitud de que yo soy más listo que todos ustedes y por eso puedo pasarles por encima, parquearme donde me da la gana como me da la gana , sabiendo que hay un letrero que dice , “parquear en reversa o prohibido parquear, poner el coche sobre el lugar reservado a los minusválido, retener el ascensor de forma innecesaria, colarse en la fila o pagar para que le sedan el turno, prender el celular donde se dice claramente, está prohibido, pasarse el semáforo en rojo porque nadie me está viendo, o tomar el semáforo en amarillo como última oportunidad para pasar, comprar boletas revendidas, y tirar la basura a la calle.
¿Cuántos de nosotros hemos practicado el sagrado mandamiento cero de la abuelita, me pregunto?
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