Ya esta lista la Abuelita , tiene la gran canasta de mimbre en un brazo y en el otro la lista de compras, vamos niños que nos cogió la tarde y no vamos encontrar las frutas frescas , con estas palabras salíamos hacia la plaza de mercado , largo trayecto nos parecía el camino que pasando por el “Páramo” donde vendían unas deliciosas cremas de arequipe era parada obligada de las personas que por allí pasaban, las dichosas cremas crearon una situación de conflicto con la “Mona” en una de las tantas veces que por allí cruzamos , resulta que en medio de un resisterio de sol de aquellos que parecía que uno se iba a derretir, todos cansados subíamos el “Páramo”, que no era por lo helado sino por lo faldudo que así lo llamaban, cuando le dio a “La Mona” porque quería un helado de arequipe, la abuela que subía exhausta con la canasta al brazo y sin moneda, le dijo que no, la pataleta fue de marca mayor, yo con el afán de resolver la cosa conciliadoramente tras las enaguas de la Abuelita le dije, Vamos niña no seas caprichosa, y fue pa' pior, pues “La Mona” ya no estaba enojada sino furiosa, no atendía razones, poco falta para que echara espuma por la boca de la forma como se puso, al fin la abuela logró entre amenazas con el “Chupa-sangre” y otros personajes afines convencerla que continuar perteneciendo a la familia y seguir con nosotros a casa era buen negocio, a pesar de decir que no le importaba que el “Chupa-sangre” llegara y se la llevara, yo creo a estas alturas que si en verdad el “Chupa-sangre” se aparece por allí en esos momentos, pone en peligro su pellejo.
La plaza de mercado era un sitio colorido y bullía de actividad pues no solo era la plaza de mercado , cosa que ya de por si era ya bastante, sino que además, era el sitio de llegada de los buses de los municipios aledaños, que con sus colores distintivos, rojos con rayas azules, unos, amarillos con blanco otros y azules con rojo los de más allá, hacia de este sitio un lugar multicolor y pintoresco, plagado de todo tipo de vendedores ambulantes bulliciosos, dicharacheros donde se podía escuchar, de piña para la niña, de mora para la señora, llévelo mi doña, que este el veinti-único que me queda combinado con un promotor de cine en su carrito con alto-parlante, perifoneando, Hoy le estaremos presentando la sensacional película EL NIÑO Y EL TORO, no se lo pierda, últimas funciones , 3:15 pm y 6:30 pm los estaremos esperando., mas allá el jugador de tapitas, quien dijo yo la vi, no sean tímidos, dale la vuelta a la tapa mijo, y lleve la fortuna a su casa, para rematar el culebrero, ofreciendo todo tipo de menjunjes, sanadores de todo tipo de enfermedades y dolencias, tenemos la cura , para el cáncer y la próstata, y esa culebra señora que le sube entre las piernas y que y algunos llaman varices y para usted señor que ya no le dan ganas ni de subirse a la cama y menos a su señora , aquí tenemos estar raíces, traídas de los más profundo de la selva del amazonas, que paran hasta un muerto, porque soy indio y a mucho honor, quieta Margarita, no me la toque porque esa culebra es una rabo de ají y es muy brava..
¿Como está doña Inés?
Bien don Alberto,
Contestaba la Abuelita
¿Qué va a llevar hoy?
No se pues ... usted se ha vuelto muy carero.
¿Como así? , me ofende mi señora.
Si estoy vendiendo a los mejores precios del mercado
Muestre pues haber, que tiene...
Con este ritual que se repetía cada vez, se enzarzaban una larga lucha de regateo.
Vaya mijo donde don Abraham que me separe unos dos o tres repollo, coliflor y lechugas bien frescas que yo ya voy, partía yo solicito, al otro extremo de la plaza a cumplir el encargo,
Ya está listo Abuelita, y don Abraham le manda a decir que tiene también unas zanahorias y remolachas que le acaban de llegar y que también se las separa para que la vaya a ver, gracias mijo, ahorita paso por allí.
De puesto en puesto, charlando con uno, regateando con otros la canasta se iba llenando, de los víveres que se necesitaban, de todos modos nosotros, comíamos una uvas aquí, un mango allá, un banano mas allá, con lo que los inteligentes mercaderes trataban de engatusar a la Abuelita tocando su fibra comercial más vulnerable sus polluelos, es decir nosotros.
Pues desde tiempos in-memoriales se sabe que al canal de compras se llega a través de sus líneas más débiles, los pedigüeños hijos.
Con la canasta cargada en un brazo y nosotros de su otra mano la ágil señora salía despidiéndose de todo el mundo, pues carácter afable le hacía amigos en todas partes.
En alguna ocasión le pregunte esta forma de hacer cosas al momento de comprar y como quien revela un secreto muy preci
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