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martes, 22 de febrero de 2011

EMBOLIA

 Con la voz baja como suelen utilizar las personas cuando van a dar una mala noticias, se nos acercó el médico diciendo, fue una embolia cerebral y la paciente está en muy mal estado, el diagnóstico es reservado y se fue dejándonos con el corazón en vilo.

Todo se desencadenó, mientras la Abuelita estaba planchando, mientras yo hablaba con ella desde el comedor me dijo.

Mijo me estoy sintiendo muy rara.

Yo le pregunté que siente?,

No sé, me siento como borracha, estoy viendo lucecitas, lléveme a la cama.

La cargué y la coloqué en la cama.

Después de un rato, me dijo.

Llévame al baño que tengo muchas ganas de vomitar.

De nuevo en la cama me dijo,

Llame a Mary, para que me acompañe a la clínica Cardio-Vascular, pues me siento muy mal.

Fueron horas de angustia para todos, las noticias del médico no eran precisamente alentadoras, los vecinos y amigos llegaban y llenaban ya las salas de espera, todos hablando bajito, “Y como está doña Inés?”, la respuesta siempre era la misma, está muy mal, los médicos no dan muchas esperanzas.

Los días fueron pasando y al final un día el médico, dijo: "Pueden pasar ya está consciente", todos nos agolpamos, pues eran unas muy buenas noticias, la gente que estaba de visita, se abrazaron entre todos y alguien dijo duro, "Bendito sea mi Dios".

Ya en la cama, vimos el daño sufrido, tenia parte de la cara paralizada apenas si se podía moverse, su figura delgada que se veía más frágil rodeada de aparatos que emitían toda clase de sonidos y pantallas parpadeantes, pero no importaba, la Abuelita estaba viva, y eso en ese momento era mucho cuento.

Cuando ya se sintió un poco mas aliviada, pidió que la dejaran ir para la casa, pues estaba totalmente segura que allí podría recuperarse mejor, lo pidió tan vehementemente que los médicos accedieron, siempre cuando una persona se pusiera al frente de su atención, pues quedó muy limitada para valerse por ella misma.

La tía Mary se mudó con nosotros,  como tenía mucha experiencia como enfermera auxiliar, ya que en varias ocasiones había prestado estos servicios, quedó ni como mandada hacer.

Empezó entonces el proceso de convalecencia, la Abuelita era una enferma modelo, trataba de no poner mucho problema, de por si en estas circunstancias era más bien tímida, se esforzaba al máximo por hacer lo que podía, que a decir verdad no era mucho.

Mientras le leía un libro, dijo, yo no puedo seguir así, tengo que volver a caminar y hacer mis propias cosas, ya esta cama me tiene muy aburrida.

Nos pusimos todos en la tarea de acompañarla en el proceso de aprender de nuevo, desde las cosas más simples, pero por mucho y que se cayó varias veces del caminador volviéndose las rodillas como un nazareno y que las cosas no le salían como quería, no se dio por vencida, siguió porfiando con el caminador y con una pelotilla de hule ejercitando los dedos de las manos.

Alguien dijo que lo mejor para volver a tomar el control de los pies era hacer girar una botella con ellos, pues se aplicó con el ejercicio hasta que logró que la misma girara como ella quería, no había nada que le dijerám que servía para mejorarla que no intentara y después de varios meses de

intentos y mas intentos, logro empezar a caminar ya sin el caminador, luego con un bastón y más tarde sin nada, camino como chencha, se reía de ella misma, afortunadamente el buen humor no le falló a pesar de las circunstancias, pienso yo que esto acompañado de una voluntad férrea por no dejarse vencer por la adversidad le permitió reponerse en un tiempo récord en pocos meses nadie hubiera pensado que la Abuelita casi recibió los santos óleos y se como ella misma decía, por poco y voy a templar al barrio de los acostados , todo por no hacerme los benditos exámenes que ya me había dicho el médico que me tenía que hacer periódicamente, pues a mi edad es obligación más que un lujo hacerse exámenes del corazón y revisión general.
Como me sentía bien , no me los hice, pero es que hay tercos , tercos e Inés.

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