PRIMER VIAJE A MEDELLIN
Como en una nebulosa, pasan por mi mente como pinceladas imágenes de antaño: un traje de paladín, vaqueros montados a caballo con flecos a los lados. Recuerdo a mi tía Amparo luciendo hermosos vestidos a media pierna, con gafas que cubrían media cara, junto a mi madre, ambas bellas y a la moda. Mi mente viaja a mis vacaciones con mi "tía", alejándome de la protección de Bertica, mi dedicada niñera y fiel compañera de aventuras, y a mi leal perro Katia, una pastora Collins que ocasionalmente hacía de caballo en un mundo nuevo y vibrante.
Era un lugar lleno de colores brillantes, gente bulliciosa y sonidos alegres y fuertes. El suelo era de tierra pura, y los árboles eran de verdad. Había animales diferentes a mi perro, que mordían, picaban, gruñían y corrían. Algunas personas, de reojo, nos advertían: "Cuidado con eso", y luego seguían con sus quehaceres, explorando cuartos, trepando árboles. Había algunas caídas y lágrimas que duraban solo un minuto. Al final, regresábamos a casa. Las vacaciones llegaban a su fin, volvía a los cuidados maternales y a la sobreprotección de Bertica.
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