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martes, 22 de febrero de 2011

LA CAIDA

 

El tío León llegó con dos bellas sillas metálicas que parecían dos flores de loto.

Las acomodaron en la pieza de atrás, esta pieza o alcoba fue una ampliación de la casa nueva,  era grande y espaciosa y fresca todos en la casa contribuimos en su construcción,  desde ayudar a cargar ladrillos nosotros los pequeños, a llevar los bultos de cemento y tejas por parte de los mayores, al final estuvo construida y en el centro estaba traspasada por una inmensa viga que daba estabilidad a la alcoba y que quedó exactamente sobre una amplia cama, o mejor la amplia cama fue colocada debajo de la gran viga principal, este hecho dio para que la viga se convirtiera en el centro de uno de los juegos preferidos por nosotros.

Era toda una tentación saltar a tratar de tocarla desde la cama, colocar un columpio desde ella ,hacer columpios para las muñecas de “La Mona”, colocar las cobijas sobre ella y tratar de hacer tiendas de campaña, un sin fin de juegos que pueden pasar por la mente de un niño con tal inspiración, pues por todos es sabido que se necesita de muy pocos elementos para incentivar la creatividad de un niño, hacer de un cartón un gran buque de guerra que amenazante se presenta ante los enemigos invisibles que se desplaza por los arroyuelos que la lluvia forma, o los carros que raudos se desplazan sobre las pistas de carreras formados por almohadas, construidos con tapas de gaseosa y una cajita de arequipe o los vehículos que mágicamente se desplazan armados con una cajita de fósforos, cuatro botones y un resorte, no hay límites para la imaginación de un niño.

Pues bien todos las fantasías sobre la viga iban tomando forma y convirtiéndose en realidades, hasta que un buen día se nos ocurrió que era una muy buena idea emular las hazañas de Tarzán el hombre mono, que se movía ágilmente por la selva colgado de un bejuco, como si de una carretera formada por lianas se tratara.

Debíamos transformar entonces la viga en un emulación del camino que surcaba el "hombre mono", nos pusimos en la tarea de camuflar la viga con toda suerte de trapos y que pudiera dar la imagen de una enmarañada selva por la que íbamos a trasladarnos, como si monos fuéramos.

Empezamos a pasar la viga de un lado a otro , hasta que paso la Abuelita y nos vio en tremenda hazaña , y nos grito, !pero muchachos se van a caer de allí y se van a quebrar el fundillo, no Abuelita si nos caemos de aquí caemos sobre la cama y no pasa nada, No estoy muy segura dijo, porque los niños siempre encuentra una forma de aporrearse, no me gusta nada la idea, no me gusta nada, pero sin embargo en aras de no coartar nuestra inventiva la Abuelita en poco alcahueta y pienso que medio satisfecha al ver que era verdad que si nos caíamos lo hacíamos sobre la cama.

El tío León llegó con dos bellas sillas metálicas que parecían dos flores de loto , las acomodaron en la pieza de atrás, esta pieza o alcoba fue una ampliación de la casa nueva era grande espaciosa y fresca todos en la casa contribuimos en su construcción desde ayudar a cargar ladrillos nosotros los pequeños a llevar los bultos de cemento y tejas por parte de los mayores, al final estuvo construida y en el centro estaba traspasada por una inmensa viga que daba estabilidad a la alcoba y que quedo exactamente sobre una amplia cama , o mejor la amplia cama fue colocada debajo la gran viga principal, este hecho dio para que la viga se convirtiera en el centro de uno de los juegos preferidos por nosotros, pues era toda una tentación saltar a tratar de tocarla desde la cama , colocar un columpio desde ella ,hacer columpios para la muñecas de “La Mona”, colocar las cobijas sobre ella y tratar de hacer tiendas de campaña, un sin fin de juegos que pueden pasar por la mente de un niño con tal inspiración pues por todos es sabido que se necesita de muy pocos elementos para incentivar la creatividad de un niño, hacer de un cartón un gran buque de guerra que amenazante ante los enemigos invisibles se desplaza por los arroyuelos que la lluvia forma , o los carros que raudos se desplazan sobre las pistad de carreras formados por almohadas construidos con tapas de gaseosa y un cajita de arequipe o los vehículos que mágicamente se desplazan armados por un cajita de fósforos , cuatros botones y un resorte , no hay límites para la imaginación de un niño.

Pues bien todos las fantasías sobre la viga iban tomando forma y convirtiéndose en realidades, hasta que un buen día se nos ocurrió que era una muy buena idea emular las hazañas de Tarzán el "hombre mono", que se movía ágilmente por la selva colgado de un bejuco, como si de  una carretera formada por lianas se tratara.

Debíamos transformar entonces la viga en una emulación del camino que surcaba el "hombre mono", nos pusimos en la tarea de camuflar la viga con toda suerte de trapos  que pudiera dar la imagen de una enmarañada selva por la que íbamos a trasladarnos, como si monos fuéramos.

Empezamos a pasar la viga de un lado a otro , hasta que pasó la Abuelita nos vio en tremenda hazaña , y nos gritó, !pero muchachos se van a caer de allí y se van a quebrar el fundillo!, no Abuelita si nos caemos de aquí caemos sobre la cama y no pasa nada.

 No estoy muy segura dijo, porque los niños siempre encuentran una forma de aporrearse, no me gusta nada la idea, no me gusta nada; pero sin embargo en aras de no coartar nuestra inventiva la Abuelita un poco alcahueta quedó  medio satisfecha al ver que era verdad que si nos caíamos, lo hacíamos sobre la cama,

Ya con el visto bueno de los adultos era hora de intentar una obra más arriesgadas, empezamos a tender los símiles de la selva sobre la parte de la viga que no quedaba sobre la cama pues esta sobresalía un poco más de la mitad; en la otra mitad estaba el vacío del duro suelo y apoyadas cobre la pared y por debajo de la viga las primorosas sillas compradas por el tío.

Bueno entonces nos pusimos el reto, había que pasar la viga balanceándose desde una punta a la otra. Hasta ahí la cosa era relativamente fácil, pues si uno se resbalaba o se caía lo hacía sobre la cama.

 Se podía entonces uno soltar en cualquier momento sin que pasara nada, pero esto no era ya  tan emocionante, la adrenalina fluía por la ansiedad de la aventura y el temor de tener que devolverse al lugar seguro, pues había más de dos metros desde la viga hasta el suelo en la parte que no estaba cubierta por la cama.

La aventura comenzó, primero empezamos dando unos metros por fuera de la cama y regresando hasta el lugar seguro cubierto sobre la red protectora de la cama, cuando nos fuimos sintiendo seguros, empezamos a avanzar unos metros más y regresar al punto de resguardo, ya le habíamos cogido el “tiro” a la cosa.

Cuando uno se sentía cansado se devolvía y ya, todo iba muy bien, pero alguien me dijo:
" A que no sos capaz de ir hasta el extremo y volver".

Pues claro que soy capaz contesté.
Por todos es sabido que un bobo cariado mata a la mama. 

Pues si señor empecé a balancearme desde el principio de la viga hasta el otro extremo, el trayecto era largo, estaba empapado de sudor, las manos entumecidas y resbalosas, pero seguía hacia adelante saltándome todas las alarmas y fusibles de la conciencia que me estaba exponiéndome demasiado.

Y claro como lo que dicen los mayores se cumple a raja tabla ,fui a dar con mis huesos sobre la silla blanca , rompiéndola.

Con el estruendo todo mundo se a personó en la alcoba donde todos miraban sorprendidos como era que la silla metálica había quedado hecha trizas y yo me paraba maltrecho pero de una pieza.

 La Abuelita confundida me examinaba por todos lados, y después del susto, y ver que la cosa no había pasado a mayores , simplemente dijo, 

"A estos muchachos los cuida el diablo", no le dio más importancia de lo que el hecho tuvo, pensó ,me imagino , no se vuelven a subir allí, pues ya saben lo que les pasa, la experiencia solo se aprende por cabeza propia y estimo que eso fue lo que hizo, ya los regaños y demás no podían enseñar más de lo que la caída hizo, todo lo que se dijera era superfluo y no aportaba nada nuevo.

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