Buscar este blog

lunes, 21 de febrero de 2011

PRIMER VIAJE A MEDELLIN


En la nebulosa de mis recuerdos, se deslizan fugazmente imágenes como pinceladas de un lienzo. Un traje de paladín, con su aura de valentía y nobleza, se entremezcla con la estampa de vaqueros de montar, con flecos ondeando a los lados. A su lado, la tía Amparo deslumbra con sus vestidos a media pierna, mientras unas gafas cubren parte de su rostro enigmático. Mi madre y ella lucen hermosas, siguiendo las tendencias de la moda. Una rubia melena adorna la cabeza de una, mientras que la otra ostenta con rebeldía oscura y seductora cabellera negra.

Eran las vacaciones y me embarcaba en aventuras junto a mi "tía". Abandonaba las faldas rotectoras de Bertica, una niñera dedicada y sobreprotectora que siempre estaba a mi lado, y mi fiel compañera de travesuras, la perra Katia, una pastor Collins que también se convertía ocasionalmente en mi corcel hacia un mundo nuevo. Ese mundo vibraba con colores brillantes, rebosante de gente bulliciosa y alegres sonidos estridentes. Los suelos eran de tierra pura y los árboles, auténticos guardianes, custodiaban la escena. Animales diferentes a mi querida perra se cruzaban en nuestro camino, mordían, picaban, gruñían y corrían. Las personas, con miradas furtivas, nos advertían "Cuidado con eso" mientras proseguían en sus quehaceres, explorando cuartos y trepando árboles.

Había alguna que otra caída inevitable, un minuto de llanto y luego, de nuevo, volvíamos a casa. Las vacaciones llegaban a su fin y me sumergía en los brazos maternales y en la sobreprotección de Bertica, despidiéndome de aquellos días llenos de libertad. Pero los recuerdos de aquel mundo fascinante perdurarían en mi mente, como una nebulosa en el firmamento de mis memorias

No hay comentarios:

Publicar un comentario