| EL NAZARENO Audio Relato (podcast) |
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A la entrada de la casa, había un cuadro del Nazareno pintado por J. Naranjo, el esposo de mi tía Lucero, quien siempre se atribuyó su autoría debido a la coincidencia de apellido y la inicial "J". Todos teníamos reservas al respecto, ya que no se le conocían habilidades artísticas de tal magnitud. Sin embargo, esto no le restaba mérito al cuadro, que era realmente hermoso.
Este cuadro despertó en mí un deseo ferviente de explorar mis propias habilidades artísticas. Intenté imitarlo utilizando todas las herramientas a mi alcance: lápices, crayolas, carboncillos, papel de avión, papel de globo, papel mantequilla, papel de copia, todos los intentos posibles en mi afán de copiar algo que, a mis ojos, era absolutamente hermoso. La abuelita, al ver mis esfuerzos y las largas horas que pasaba dibujando, me proporcionaba todos los recursos que creía que me ayudarían en mi labor. Incluso me compró un caballete de pintor, no sé de dónde lo sacó, pero un buen día apareció con él, junto con lienzos, paleta de pintar y una mezcla de colores. Durante muchos días, el novel pintor que yo era se dedicó entusiastamente, con el patrocinio de la Abuelita, a intentar convertir ese admirado cuadro en una réplica hecha en casa.
En ocasiones, cuando algún miembro de la familia se acercaba a ver mi trabajo, se generaban conversaciones y comentarios acerca del cuadro. Recuerdo especialmente un curioso comentario del esposo de mi tía Lucero, un día que vino a nuestra casa y se quedó observando el cuadro. Sin venir a cuento, dijo: "Pero, ¿a quién se le ocurrió pintar los ojos de Jesús de azul? Eso es imposible, ya que, como todos sabemos, él era oriental, de tierra de árabes. Shhh, craso error por parte de J. Naranjo. Pero que nadie nos oiga decir esto, porque con lo delicada que está la situación, podrían poner una bomba. Por lo tanto, Jesús no puede haber tenido los ojos azules, sino negros. Además, las personas de esa región tienen el cabello negro como la noche. ¿Quién se le ocurrió representarlo con cabello rubio?".
La Abuelita, que siempre tenía una respuesta ingeniosa, exclamó desde la cocina: "Pues yo no sé, ya que se supone que tú eras el pintor, ¿no es esa la historia que nos has contado durante años?".
Esto dio lugar a largas conversaciones de todo tipo sobre la vida, obra y milagros del Nazareno. El esposo de mi tía era un hombre culto y leído, y en esos días estaba inmerso en el movimiento Rosacruz de Oro, que estaba de moda. Se debatía en un ambiente propicio si era posible que Jesús no fuera realmente un hombre, sino una organización de la cual una de ellas era conocida como JESUS y otra como CRISTUS. Ante la rivalidad entre ambos grupos, que no lograban llegar a una conclusión, se formó un frente popular al estilo de liberales y conservadores en nuestro medio, eligiendo un líder para cada bando. Este nuevo líder fue llamado JESUSCRISTI. Se planteaba la pregunta de cómo era posible que Jesús, siendo hijo de un carpintero pobre, José, y María, perteneciendo a la tribu de David, descendientes de reyes, se rumoraba por allí que José en realidad era un contratista que tenía cientos de carpinteros a su cargo. Además, se decía que no era posible que María hubiera quedado embarazada por el Espíritu Santo, a menos que "Espíritu Santo" fuera el nombre de su novio, y le dieron a José gato por liebre. Fue en ese momento cuando, a través de un ventrílocuo que se hizo pasar por el ángel anunciador, le clavaron el muñeco.
También se hablaba sobre si María hubiera sido sorprendida en actos de infidelidad, le habrían lanzado piedras, ya que en aquellos tiempos era considerada una bendición tener hijos. ¿Cómo se les ocurrió a ese par tener solo uno, yendo en contra de todos los mandatos de sus creencias? Además, Jesús llamaba a todos "hermanos". ¿Era acaso un bacán que decía "hermanos" como nosotros decimos "brother" o "parce"? ¿En realidad eran sus hermanos? También se discutía sobre la relación de Jesús con María Magdalena o de Magdala, quien le coqueteaba y se decía que tenían juegos de manos entre ellos. El papá de mi Abuelita, como quien dice mi bisabuelo, le quemó los muebles del comedor a la bisabuela en un arrebato alquímico al quedarse sin lumbre para obtener la piedra filosofal.
Estas y otras disquisiciones eruditas se sucedían con exposiciones y refutaciones, con experimentos mentales que trataban de demostrar el poder que teníamos sobre la materia. Intentábamos levantar a una persona sentada en una silla, cada uno empujando con un dedo desde cada lado. La verdad es que la persona, o en este caso la Abuelita, era realmente pesada, lo cual resultaba bastante dudoso, ya que era alguien realmente delgada, y que siempre era ella quien se prestaba para este juego. Quizás nuestra fuerza de voluntad y poder estaban débiles, al igual que nuestra capacidad para resolver cuestiones tan polémicas y antiguas como las mencionadas.
Pero si algo lograron estas discusiones en las mentes de los participantes, fue crear una gran tolerancia hacia las diferentes formas de pensamiento. Aunque todas las presentaciones eran ingeniosas y entretenidas, siempre había alguien que aportaba una perspectiva distinta a la discusión en cuestión.
Aunque en casi ningún caso se llegaba a una conclusión clara y definitiva que zanjara el tema, permitía que los participantes desplegaran sus mejores ideas y habilidades elocuentes para inclinar la balanza hacia su forma de pensar. Sin embargo, al final del debate, como en un buen partido de fútbol, el árbitro debía declarar el empate. Los comentarios jocosos y la sagacidad argumentativa convertían el espectáculo discursivo en algo digno de ser presenciado.
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