Buscar este blog

martes, 22 de febrero de 2011

LUCERITO




Lucerito de plata, no le digas a nadie que me has visto llorar". Esa canción me la dedicó un ex-novio. ¿Ven esa estrella allá en el horizonte? A esas estrellas les llaman "luceros", en honor a mi nombre. Es cierto, tía Lucero, eres muy famosa. Famosa es el pico, pregúntenle a cualquiera si saben quién es Lucero y verán que todos responden lo mismo.

No podía dejar de mirar con asombro a mi tía, sentada en el borde de la calle, mientras decía: "Vamos, niño, repite conmigo: 'erre con erre cigarro, erre con erre barril'. Rápido, ruedan los carros cargados de azúcar al ferrocarril". Y me enseñaba algunos trabalenguas y adivinanzas. "¿Qué es una orilla?", me preguntaba. Yo orgulloso contestaba: "La ribera del río". Pero ella me decía: "No, tonto, 60 minutillos".

"LUCERO", gritaba la abuelita, "hay que bañar a los niños". "Ya voy, mamá, ya voy", le respondía. Nos decía: "Bueno, queridos, al patio que los voy a bañar bien bañados". Nos desvestía dejándonos desnudos como nacimos, y de repente, plaff, el primer baldazo de agua helada nos caía encima a "La Mona" y a mí. En aquellos tiempos no se andaba con miramientos a la hora de bañarse juntos.

"Tía, tía, el agua está muy fría", decíamos. Pero ella nos animaba diciendo que con el sol enseguida nos calentaríamos. "A ver esas orejas", nos decía mientras limpiaba nuestras caras con un trapo jabonoso, como si estuviera lavando la fachada de una casa.

Casi ahogados por los baldazos de agua helada y la limpieza a fondo, como si estuviéramos siendo pulidos, terminábamos de ser bañados. Luego, cargados por las tías Mary y Lucero, nos llevaban a donde nos esperaba la ropa nueva, ansiosa por ser estrenada.

Las tías, acompañadas de sus novios, nos llevarían al parque a comer paletas.

"Mamá, el vestido de Marta Elena le quedó largo", decía Mary desde la habitación.

"Tráemelo, hija, y le subimos el dobladillo". Pero no encuentro los anteojos por ningún lado.

tía Lucero respondió diligentemente: "Mamá, donde los dejó." Pero la abuela, con una de sus célebres salidas, la interrumpió: "Pero muchacha, si supiera dónde los dejé, no se me habrían perdido. ¿No te parece?

No hay comentarios:

Publicar un comentario