Toc, toc, alguien llama a la puerta, salimos “La Mona” y yo a ver quién era, un vendedor puerta a puerta , con un gran pío, pío, lleno de caja, perdón una caja llena de pollitos, pues era tal el escándalo que apenas si se podía entender lo que la persona quería decir, claro que rápidamente nos vimos abriendo la caja y sorpresa , pollitos de todos los colores , los había rojo fuego, rosados, azules, violeta, aguamarina, combinados y desde luego verdes pollito, pues no encuentro otra palabra para describir lo vario pinto del color de los pollitos, eso si no había ni uno amarillo.
Fue amor a primera vista, todos queríamos tenerlos, para llenar el corral que el tío Gonzalo, en compañía de los tíos había construido, para llenarlos de “Gumarras” como decía el tío Vladimir, como anillo al dedo. dijo la Abuelita y sacando un tarro que tenía como alcancía sobre la nevera ICASA, recién estrenada, pagó por doce vistosos animalitos que pasaron a formar parte de la familia, de allí en adelante empezaron a llegar un desfile de embajadores animales, Póker un perrito de la más pura y alta estirpe callejera, gran chandes puro, negro como la noche, que se hechó al bolsillo el cariño del abuelo al acompañándolo todos los días desde donde lo dejaba el bus del trabajo hasta la casa.
Ni que decir que "Póker" hizo buenas miga con “La Mona”, que inmediatamente procedió a adoptarlo, previa cancelación del derecho de adopción por parte de los abuelos a los legítimos abandonadores de perros, que al ver el interés de la niña en el perrito, ejercieron ahora sí, sus derechos económicos de legítimos dueños.
Seid patos que se deleitaban en el estanque hecho con este fin, a partir de media caneca llena de agua enterrada en el piso , un pisco, una tortuguita que se bañaba con los patos, varios gatos vecinos que fueron llegando y ya no se volvieron a ir.
También llegaron las gallinas a las cuales la Abuelita les puso nombre como si de mascotas se trataran, “La cubana”, La Saraviada”, “La Chinita”, amén de las matas de maíz, que en un momento nos sobre pasaban a todos, un árbol de mango, uno de aguacate, de naranjas y como iba a faltar uno de limón, para regar los pescados que de tarde en vez llevaba el abuelo y que la Abuelita con la ayuda del tío León, limpiaban y adobaban, para hacer unos “viudos”, que era para chuparse los dedos.
Los viudos de pescado son mi especialidad, decía la Abuelita, los aprendí hacer en mis años mozos, en Calamar, a orillas del río Magdalena, donde me enseñó, Ña Matilde, cuando sus mamá era una cría, igual que su tía Amparo y su tío León.
La Abuelita, nos relataba historias de cuando, un día el tío León se ensartó un dedo con un anzuelo, estando pescando en el río, “volado”, de la escuela, o como el tío León muchacho despabilado y aprovechado, escupía en la comida de la “Cana”, sobre nombre que le pusieron a mi madre, por lo rubia que era, para que dejara la comida, esta salía gritando, mamá el Leoncentecas fundillón, ya se me tiro la comida.
O cuando le machucaron los dedos a la tía Amparo, mientras salían disparados de la casa y esta decía, lleven la niña, lleven la niña, refiriéndose desde luego a ella misma.
O cuando Ña Matile le decía , mire niña Iné , el secreto de la coliflor es dejarla un rato en bicarbonato, para que pierda el sabor manchoso, así con un poco de queso, queda deliciosa.
Historia tras historia nos narraba la abuelita.
Por aquellos tiempos en que el abuelo era funcionario público, por el partido liberal, porque has de saber hijo mío que "nosotros somos ateos liberales estrechos y verracos, me honra decirlo y a mucho honor", decía alzando el pecho.
Nos miraba por encima de las gafas, se podía escuchar la caída de una pluma, proseguía.
Una noche mientras dormíamos llegó un vecino a tocar la puerta, en medio del susto nos dijo, salgan , salgan rápido que vienen los “pájaros” por ustedes , así llamaban en aquel entonces a los bandoleros del partido conservador, tienen orden de matarlos.
Y así fue como nos tocó salir del pueblo con lo que teníamos puesto, su abuelo escondido debajo del vagón de un tren, como si un héroe de película se tratara, ella se reía, como si se tratara de una broma el que lo intentaran matar a uno, y fueron de los que inauguraron lo que ahora llaman desplazados de la violencia, claro que en ese entonces no hacían tanto escándalo con la cosa, lo cual no significa que no hubiera como ellos, mucha gente sufriendo las consecuencias de las guerras políticas que hace muchos años azota a este bello país.
En otra ocasión, nombraron al abuelo jefe de rentas departamentales de un municipio, y unos comerciantes, bueno ¿algún nombre hay que ponerles no?, fueron a proponer que dejara que pasar un licor de contrabando.
El abuelito, honesto como nadie, respondió, pues no señores, que se han creído y a punta de revolver los saco de la oficina, claro que la gracia nos costó otra huida de película.
Pero han de saber hijos míos que los principios son los principios y hay que ser fiel a ellos, porque al fin es lo único que en verdad tenemos, es lo que somos, es nuestra esencia, lo cierto es "que estamos vivos de flor, pues ser honesto o tener ideas propias en este país es un oficio peligroso". Que le vamos hacer continuó diciendo,
El pescado ya está listo y servido en la mesa, haber llamen a todos a comer que no me gusta que se enfríe la comida.
Con las aventuras que la Abuelita nos contaba, para mí que Indiana Jones es un copión de las aventuras de mi abuelito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario